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Literalmente Literarias: “Las cosas que perdimos en el fuego” de Mariana Enríquez

Colorful Abstract Illustration of Diverse People Reading Books in a Community Setting.
Podcast Literatura
Literalmente Literarias: "Las cosas que perdimos en el fuego" de Mariana Enríquez
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El podcast “Literalmente Literarias” se centra en literatura con una perspectiva feminista y en este episodio analiza el cuento “Las cosas que perdimos en el fuego” de Mariana Enríquez. Las anfitrionas, usando alias de feministas icónicas latinoamericanas, discuten el horror en la historia, que aborda la violencia de género y el feminicidio. Exploran cómo las mujeres en la narración responden a la violencia sistemática, algunas optando por quemarse como un acto de resistencia. Reflexionan sobre el impacto social del feminicidio y la invisibilización de las víctimas, destacando el simbolismo de la “chica del subte”, una mujer quemada por su pareja que pierde su identidad en la sociedad. La conversación enlaza la ficción con casos reales de violencia de género, subrayando la necesidad de visibilizar estas historias y cuestionar la normalización de la violencia contra las mujeres.

Presentadores:

  • Camila López-McCarl (Luisa)
  • Thalía Carcace (Excilia)
  • GF Gibson (Sabrina)

Transcipción:

LUISA: Bienvenidos, muchachas, muchaches y muchachos. Nosotras tres somos literalmente literarias. Un podcast literario que se enfoca en temas feministas. Para empezar, nosotras elegimos usar aliases de feministas icónicas latinoamericanas. En este capítulo yo voy a utilizar el nombre de Luisa Moreno, una activista de Guatemala que luchó por las condiciones de los trabajadores latinos toda su vida e incluso les abrió el camino a los activistas de los derechos civiles, Dolores Huerta y César Chávez. Ella empezó su activismo en Harlem, New York y cuando la deportaron a México continuó su trabajo ahí. Y me encanta porque hasta cambió su nombre como un acto político ¡súper rebelde!

EXCILIA: Hola a todos, Yo voy a usar el nombre de Excilia Saldaña, una escritora, poeta y educadora cubana conocida por su compromiso con la literatura infantil y la promoción de la cultura afrocubana. Ella desarrolló una obra literaria que exploraba temas de identidad, raíces africanas y el patrimonio cultural cubano. Su obra influyó en el fortalecimiento de una identidad cultural inclusiva.

SABRINA: Y yo soy Sabrina Vourvoulias, una autora latina quien ha recibido premios de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas. Tiene conexiones con Guatemala, México y los Estados Unidos. Su cuento, “Sin embargo”, es mi favorito, ya que tiene un personaje medio pájaro y medio humano. Es una historia que habla de migración, la complejidad de la traducción y las masacres en Guatemala. ¡Somos literalmente literarias, capítulo uno!

LUISA: Para el primer capítulo escogimos un cuento de Mariana Enríquez, escritora feminista de Buenos Aires. Según ella, le gusta escribir el género de horror por su experiencia de haber crecido en los años 70 durante la dictadura argentina. Tal vez su cuento “Las cosas que perdimos en el fuego”, no sea el horror tradicional, pero es un género de horror que quiere molestar y asustar.

SABRINA: El cuento abarca la violencia doméstica y el asesinato de mujeres por sus parejas. La historia pasa en Buenos Aires y sigue la perspectiva de unas mujeres en la ciudad.

EXCILIA: Enríquez explora la violencia de género y las secuelas del maltrato. “Las cosas que perdimos en el fuego” sigue la inquietante tendencia de mujeres que, hartas de ser víctimas de ataques machistas, deciden quemarse voluntariamente.

LUISA: Este acto radical se convierte en una forma de resistencia ante la violencia que enfrentan, en lugar de vivir con miedo a ser quemadas por sus agresores. Estas mujeres toman el control de su cuerpo y su destino, marcando una protesta extrema contra el patriarcado. La narración refleja la cruzada y el horror del día a día en una sociedad marcada por el feminicidio, el abuso y la opresión.

EXCILIA: Este cuento explora como los personajes reaccionan de maneras diferentes a su relación con el fuego. Silvina es una mujer atrapada entre la lealtad hacia las mujeres ardientes y sus propias dudas sobre la radicalidad de su causa. Aunque apoya la lucha contra la violencia de género, está dividida entre seguir las decisiones de su madre y su inquietud sobre el acto de quemarse como protesta. Lucila, una modelo famosa en Argentina, fue quemada y asesinada por su pareja y la chica del subte, marcada por cicatrices y llena de fuerza, lleva con orgullo las huellas de un fuego que la ha transformado y le ha dado un propósito renovado.

SABRINA: Hemos elegido este cuento porque queremos dedicarle un episodio a una autora feminista con un cuento que habla del feminicidio en voz alta. En este episodio vamos a tratar sobre las quemaduras representadas en “Las cosas que perdimos en el fuego”. Queremos aclarar que el cuento hace parte de una colección con el mismo título.

LUISA: Nos vamos a enfocar en la narrativa de la chica del subte primero.

EXCILIA: Pero primero, ¿reacciones chicas?

LUISA: Honestamente, la única palabra en mi mente cuando estaba leyendo fue ‘wow’.

SABRINA: ¡Qué impactante es la historia entera! Aún más porque el feminicidio continúa en aumento. Incluso hoy en día, los hombres cometen violencia hacia las mujeres. No solo las matan, sino que también las queman con fuego o con ácido. El abuso físico es frecuente, lo mismo que los asesinatos de honor.

EXCILIA: Según la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, el feminicidio es una ínfima parte visible de la violencia contra niñas y mujeres. Sucede como culminación de una situación caracterizada por la violencia reiterada y sistemática de los derechos humanos de las mujeres.

LUISA: El feminicidio es un crimen contra los derechos humanos de las mujeres. En 2008, el Registro Nacional de Feminicidios de la Justicia Argentina creó la Declaración sobre el feminicidio que describió este crimen así: “la muerte violenta de mujeres por razones de género, ya sea que tenga lugar dentro de la familia, unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal en la comunidad, por parte de cualquier persona o que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes por acción u omisión”.

EXCILIA: El feminicidio es algo que lastimosamente las mujeres siguen sufriendo y que no solo destruye vidas individuales y familias, sino que también tiene un impacto profundo en el tejido social al perpetuar un estado de miedo y opresión para las mujeres en su vida cotidiana.

LUISA: Excilia, estoy totalmente de acuerdo. El feminicidio afecta el tejido social, pero además me interesa porque un estado de paz es un derecho humano. Entonces normalizar la violencia es un acto violento. Muy pocas personas hablan de este tema.

SABRINA: Podrían imaginar una situación como en el cuento, que las lleve a tomar una decisión, como marcarse o cambiarse el look para llamar la atención a un tema, o una lucha social así; tal vez no como quemarse con alcohol y fuego pero, ¿qué tal otras formas de usar el cuerpo para protestar?

EXCILIA: Es una pregunta muy interesante y la respuesta es sí, definitivamente puede haber momentos o situaciones tan intensas que lleven a una persona a hacer algo fuera de lo común para llamar la atención sobre un problema social. En estas situaciones pienso que el cuerpo se convierte en un cuadro. Una manera de decir “esto me afecta tan profundamente que estoy dispuesta a hacer algo fuera de lo común para que lo noten”.

LUISA: Y es una manera de reclamar el cuerpo y resistir la invisibilidad. Como las madres de la Plaza de Mayo en Argentina, quienes llevan pañuelos en la cabeza con los nombres de sus hijos desaparecidos durante la dictadura o los movimientos punk al final del siglo XX que denunciaban los gobiernos represivos en toda América Latina. Es una manera de ocupar espacio y eso es súper chévere. Además, es importante hacerlo en los países donde hay una historia de colonización que permanece en el miedo a todo lo que sea diferente a la norma.

SABRINA: Quiero decir también que a veces la gente habla de temas de violencia doméstica y dice “nunca podría haberme quedado en una relación así” o “eso nunca me pasaría”. Pero para mí, es esencial aclarar que situaciones así pasan con el tiempo. No es que un día todo esté perfecto y al otro hay un huracán entero. Empieza con pedacitos o gotitas y con eso crece hasta que estés en las telarañas que antes parecían como hilos de lana.

EXCILIA: Tienes muchísima razón en lo que dices. Es fácil mirar una situación abusiva desde afuera y pensar: “Yo nunca me dejaría atrapar en algo así” o juzgar a quienes están dentro. Creo que como sociedad todavía tenemos mucho trabajo por hacer para entender esto. A menudo se culpa a la víctima por quedarse o no ver las señales, pero eso ignora el hecho de que el abuso emocional y psicológico puede ser muy insidioso.

LUISA: Siento que Enríquez escribe de una manera tan directa para eliminar esto, que aunque estamos leyendo un cuento de horror, es un acto que sí pasa y hasta está normalizado. Sin embargo, las mujeres en el cuento de Enríquez no son débiles. Ellas toman la decisión de quemarse con alcohol y fuego y la manera que ella escribe lo hace aparecer como si esta acción fuera lo racional. Enríquez está pensando en cómo las mujeres responden a la violencia repetida que pasa desapercibida o normalizada.

EXCILIA: ¿Alguna vez han leído un cuento o una historia que los ha puesto a pensar en las cosas que pasan en el mundo?

SABRINA: Claro que sí. Y para contestar la pregunta quiero mencionar un ejemplo con la historia de Rebecca Cheptegei, una corredora y atleta olímpico de Uganda.

LUISA: Sí, era una campeona del mundo en carrera de montaña, y en septiembre de 2024 compitió en los Juegos Olímpicos.

SABRINA: Desafortunadamente, su ex novio la asesinó vertiendo gasolina en el cuerpo y la encendió en su propia casa. Cuatro días después, ella se murió en un hospital. El monstruo que la mató se murió enseguida porque tenía un poco de gasolina en su cuerpo. Así que él quemó y mató a una mujer. Mientras tanto, se quemó a sí mismo. Es algo bien irónico.

EXCILIA: Y lo más doloroso es que no es una historia aislada. Es un ejemplo más de cómo la violencia de género puede llegar a los niveles más extremos. Historias como la de Cheptegei nos recuerdan lo vulnerable que pueden ser las mujeres, incluso las que están en la cima. Eso es mujeres que están saliendo adelante.

LUISA: También la historia de Patrina Best, una mujer de 38 años quien fue asesinada por su novio en febrero de 2024 en Maryland. Durante la crisis de la pandemia, ella trabajó como enfermera y puso en riesgo su vida para cuidar a mucha gente. Quiero decir esto porque la violencia contra las mujeres nos pasa a todas, no solo las mujeres que están marginadas, sino también a las héroes de sus comunidades.

EXCILIA: Regresando a nuestro cuento, quiero hablar de la relación de nuestros nombres y nuestra identidad. Los nombres nos otorgan una forma específica de ser reconocidas y de reconocer a los demás. Sin embargo, en el cuento hay personajes sin nombre. SABRINA: Por ejemplo, desde el comienzo conocimos a la chica del subte. Nunca tuvo nombre, pero sí una historia de violencia.

EXCILIA: A la chica del subte la quemó su marido, Juan Martín Pozzi. Según la narradora, “él creía que ella lo engañaba. Y tenía razón. Estaba por abandonarlo. Para evitar eso, él arruinó que no fuera de nadie más. Entonces Juan le echó alcohol en la cara y con el encendedor le prendió fuego a su rostro”. Todo para evitar que ella lo dejara. Desde ese momento, todos la veían con disgusto. Cuando perdió su rostro, perdió su identidad.

LUISA: Estas palabras son muy fuertes, literarias. Claro que él puede sentirse triste o enojado porque ella lo iba a dejar. Eso es súper normal. Pero su reacción es extrema. Él escogió tratarla como objeto. Como dijiste, Exilia, le robó el rostro y la identidad. La gente ya no la miraba. Era como un fantasma en el subterráneo.

SABRINA: El cuento de Enrique describe la situación así: “Cuando se iba del vagón, la gente no hablaba de la chica quemada, pero el silencio en que quedaba el tren, roto por las sacudidas sobre los rieles, decía qué asco, qué miedo, no voy a olvidarme más de ella, cómo se puede vivir así”.

LUISA: Exacto. ¿Uno cómo puede vivir como si todo fuera normal, sin tener nombre ni identidad, como si fuera algo cotidiano? Cuando aparece este personaje, yo esperaba en algún momento leer su nombre, pero la escritora eligió dejarla como la chica del subte y eso me pegó muy duro porque no tiene nombre. Eso tampoco es normal ni justo.

EXCILIA: Al principio tuve que leer la primera página dos veces porque pensé que había omitido el nombre de la chica del subte. Después me di cuenta que fue a propósito y me pregunté por qué Enríquez decidió hacer esto.

LUISA: Lo noté cuando estábamos tratando de hablar de las chicas. Todas tienen nombre menos la chica del subte.

SABRINA: La verdad es que yo nunca había pensado en el nombre real de la chica del subte. Su apodo muestra el impacto que tiene la apariencia en cómo te tratan. Seguramente la autora la dejó así, con ese apodo, por el anonimato en que se mantiene a las víctimas de violencia de género.

EXCILIA: El hecho de que solo la llamen por un apodo y no por su nombre real dice mucho sobre cómo la sociedad a menudo reduce a las mujeres a su apariencia. El apodo puede reflejar, no solo como la veían los demás, sino también como ella misma se ve a través del lente de esa violencia. Es como si su identidad se hubiera borrado, y eso es algo que sucede con frecuencia.

LUISA: Excilia, estoy muy interesada en esta idea de cómo la sociedad reduce a las mujeres. En el caso de la chica del subte, la escritora muestra una narrativa de una mujer que ni tiene palabras. Enríquez está demostrando exactamente qué vulnerables son las mujeres cuando la sociedad las reduce a su apariencia y reduce sus palabras a polvo.

EXCILIA: Las palabras tienen una carga muy fuerte y es importante detenernos a pensar en lo que significan. Decir “la arruinó para que no fuera de nadie más”, muestra lo profundo de esa mentalidad posesiva, como si ella no fuera una persona con sus propios derechos, sino algo que él podía destruir si no la tenía.

SABRINA: ¡Exacto! Que él se sienta con derecho de quemarla porque ella era infiel es horrible y tenemos que cambiar porque no se pueden apoyar creencias así.

LUISA: En su manera de hablar demuestra que él no cree que ella es una persona autónoma. En su mente, ella es solamente una persona que lo acompaña. Yo creo que esto es una idea que muchos hombres tienen, no solamente en Latinoamérica, pero en América Latina, la cultura del machismo sí apoya ese modo de pensar que las mujeres son objetos o cuerpos para asistir a los hombres o para cuidarlos.

EXCILIA: Esta idea de posesión es muy peligrosa porque deshumaniza a las mujeres, las convierte en algo que se puede tener o perder en lugar de considerarlas seres con independencia. Y lo peor es que muchas veces estos pensamientos ni siquiera se ven como violentos o problemáticos porque están tan normalizados en la cultura.

LUISA: Y para hacerlo peor, en el cuento, cuando la chica del subte está en el hospital, en un momento en donde ella no puede ni hablar ni se puede defender, Pozzi dice que “ella misma” se había prendido fuego cuando fue él quien lo hizo. ¡Qué locura! ¿Quién va a creer que una mujer cubierta en alcohol va a fumar un cigarrillo y se va a quemar en una manera como esta? Pero todos lo creen.

SABRINA: Y por fin, cuando sí se podía defender, tampoco importó porque hasta su papá le creyó a su abusador.

LUISA: Y es una cultura de familia. ¿Qué significa si tu mismo papá no cree en tus palabras, siendo él alguien que te ha conocido toda tu vida? SABRINA: Exactamente, qué ridículo es vivir como si fueran más confiables los hombres simplemente por ser hombres.

EXCILIA: Esto es un punto muy importante que dice Enríquez que en nuestra cultura necesitamos cambiar algo en cómo pensamos en el valor de las palabras. Las mentiras de los hombres no pueden valer más que las verdades de las mujeres.

LUISA: Además, no solamente necesitamos creer las palabras de mujeres, sino que debemos buscar sus palabras y preguntar cuando las voces femeninas son difíciles de encontrar. Nos toca pensar por qué estas cosas pueden pasar en nuestras culturas. ¿Qué sistemas de nuestros países hacen que un papá no apoye a su hija?

SABRINA: Una manera en que podemos aumentar la credibilidad de la mujer es empezar a creer y apoyar a las chicas, a nuestras amistades que confían en nosotras con sus historias. Si una mujer realmente se sintiera protegida y confiada de que los demás creen en sus palabras, probablemente hablaría con más gente sobre su experiencia.

LUISA: En estos momentos de violencia es esencial encontrar tu comunidad. Nuestras comunidades nos salvan.

SABRINA: También debemos discutir de la chica del subte porque toca hablar sobre la belleza. En el cuento vemos la belleza representada como una forma de moneda y poder para las mujeres. Esto sigue siendo realidad en la sociedad. Como la gente trata a una mujer, depende de cómo se ve y se comporta. Si lleva maquillaje natural y si sigue las reglas de cómo comportarse, cabe en el estándar de belleza.

LUISA: Sabrina, amo que usastes la palabra comportarse, porque eso es exacto lo que Enríquez quiere rechazar. Estas reglas de belleza son maneras de manipular y controlar a las mujeres.

EXCILIA: Totalmente de acuerdo con ustedes. Sabrina, es cierto que la belleza, incluso hoy en día, sigue siendo vista como una especie de moneda para las mujeres. Si cumples con lo que se espera de ti. Pero si te sales de esos moldes, ya eres percibida de otra manera, como si tu valor disminuyera por no gustar.

SABRINA: Obviamente también hay el punto de que el feminicidio no fue importante en el mundo del cuento hasta que le pasó a una mujer famosa, Lucila, la modelo. Su novio, también famoso, la asesinó después de una pelea.

LUISA: En este caso solo estaban peleando y el novio la quemó. Su novio le quitó el rostro y le robó su trabajo de modelo en una manera muy indirecta. La dejó como si fuera nada.

SABRINA: En el cuento sugiere que el movimiento empezó parcialmente por la historia de la chica del subte. La narradora dice “La primera fue la chica del subte. Había quien no discutía, o al menos, discutía su alcance, su poder, su capacidad para desatar las hogueras por sí solas”. Ni la gente en este cuento quiere darle crédito a ella por su impacto en el movimiento.

EXCILIA: Al no reconocer la validez de su historia, se desestima el dolor de tantas otras mujeres que han pasado por situaciones similares. Esto crea un ciclo donde el sufrimiento se silencia en lugar de ser visibilizado, y las mujeres continúan sintiéndose solas en sus luchas.

SABRINA: Según la narradora, “La chica del subte dijo algo impresionante, brutal” – Si siguen así, los hombres se van a tener que acostumbrar. La mayoría de las mujeres van a ser como yo, si no se mueren. Estaría bueno, ¿no? Una belleza nueva”. Y esto me ha hecho pensar sobre los estándares de belleza y quiénes han decidido tradicionalmente e históricamente cuáles son estos estándares.

LUISA: Honestamente, yo creo hoy en día que como sociedad estamos cambiando los estándares de belleza y lo debemos continuar. Yo quiero tener una belleza nueva que no discrimine contra la gente indígena, que haya gente gay y que es algo más que el estilo europeo. Es un derecho fundamental poder existir siendo como quien tú eres o quieres ser.

EXCILIA: Y las niñas, ¿cómo van a sentirse? seguramente inseguras y culpables si siempre su valor es solo su belleza. Las mujeres somos más que nuestros cuerpos. LUISA: Es peligroso tener esa mentalidad de idealizar la belleza porque se trata de una belleza muy específica que la sociedad y los medios de consumo usan para controlar a las mujeres.

SABRINA: Y por eso me interesa mucho el final del cuento. Cuando Silvina está escuchando a su mamá y María Elena hablar de cuando se van a terminar las quemaduras. Su reacción es muy sorprendente. Ella piensa “solamente escuchó que ellas estaban demasiado viejas, que no sobrevivirían a una quema, la infección se las llevaba en un segundo, pero Silvina, ah cuando se decidirá Silvinita, sería una quemada hermosa, una verdadera flor de fuego”. Es como un deseo que ella quiere para su futuro.

EXCILIA: Estoy totalmente de acuerdo, Literarias. Nos hemos acostumbrado a un concepto de belleza que es estrecho y excluyente, y es hora de romper con eso. Estos estándares específicos han sido una herramienta de control sobre las mujeres durante mucho tiempo. Como dije, ¿cómo se van a sentir las niñas si su valor siempre está atado a cómo se ven? Es dañino y limita nuestro potencial y el de generaciones futuras.

SABRINA: A mí. me gustaría enfocarme en dar más cumplidos a las mujeres que no tengan que ver con lo superficial.

LUISA: Pues es una manera muy real que podemos usar para resistir, no a pensar solo en lo físico. Silvina quiere más que ser una flor de fuego, más que su belleza.

EXCILIA: Justamente en esa escena final hay un simbolismo tan fuerte. Es como si Silvina misma anhelará un espacio donde su belleza sea suya, redefinida y sin las limitaciones de lo que otras personas piensen.

SABRINA: Con el fin del cuento, vemos el principio del futuro cambiado por las quemaduras en la vida de Silvina y de las nuevas quemadas cuando empiezan a salir de sus casas y hacer cosas cotidianas como “disfrutar de un café en las veredas de los bares, con las horribles caras iluminadas por el sol de la tarde, con los dedos, a veces sin algunas falanges, sosteniendo la taza”. Silvina se estaba imaginando como parte de la sociedad nueva.

LUISA: Esto me interesa porque al final del cuento Enríquez nos deja sin saber lo que va a pasar, cuál va a ser el futuro de Silvina y las otras mujeres. En el horror No hay reglas. Es un género que las escritoras pueden utilizar para criticar la sociedad. Y en América Latina, donde hay muchos estereotipos sobre las mujeres, es una forma de protesta feminista, donde las mujeres en sus cuentos pueden ser mucho más que personas de reparto. Un rol secundario es como mucha gente mira las mujeres y escribir horror es una manera de ser rebelde.

SABRINA: Luisa, tienes la última pregunta para nosotras, ¿cierto?

LUISA: Sí, la pregunta es si les toca decir una sola cosa del cuento, ¿qué dirán?

SABRINA: Yo diría que “Las cosas que perdimos en el fuego” es una historia de precaución y la autora no rehúye temas prohibidos.

LUISA: ¡Sí? Ella llama la atención al lector y sugiere una revolución que refleja la opresión, que es una realidad hoy en día para muchas mujeres. Esto es lo importante de este tema y la razón que leímos este cuento.

EXCILIA: Exactamente chicas. La autora no tiene miedo de meterse en temas prohibidos ni de cuestionar el orden social. Me parece que el cuento muestra que resistir es posible y nos deja con esta idea de que es urgente redefinir quiénes somos y romper con esas expectativas.

SABRINA: Para terminar nuestro capítulo, las queremos invitar a leer “Las cosas que perdimos en el fuego” de Mariana Enríquez, una autora muy prolífica con relatos fascinantes. ¡Gracias por escuchar nuestro episodio!

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